*En los servicios técnicos de los ayuntamientos, la piscina municipal ha tenido durante mucho tiempo la reputación de ser un pozo sin fondo para el presupuesto. Entre los gastos energéticos, las obligaciones normativas y el mantenimiento habitual, resulta difícil encontrar una partida presupuestaria que no aumente de un año a otro. Y, de entre todas estas partidas, hay una que con demasiada frecuencia se olvida analizar: la filtración.
Instalaciones a presión
Un parque acuático, un centro náutico o una piscina municipal no tienen nada que ver con una piscina privada. La ley exige una filtración continua, día y noche, durante todo el año, con controles periódicos del agua y unos umbrales de calidad que deben respetarse en todo momento. No hay pausa posible: la piscina sigue funcionando, incluso cuando está vacía.
A esto se suma una afluencia de público que puede triplicarse entre una mañana de enero y una tarde de sábado de julio. Cremas solares, residuos corporales, polvo, materia orgánica: todo esto acaba en el agua y debe ser capturado. Un sistema dimensionado para la afluencia estival funciona en vacío el resto del año y, a la inversa, un sistema de capacidad insuficiente muestra sus límites desde los primeros días de buen tiempo. Resultado: o se consume en exceso o se asumen riesgos en cuanto a la calidad del agua.
Y luego está la cuestión del dinero, sencillamente. Las administraciones locales deben priorizar cada año entre decenas de necesidades, y una partida de mantenimiento que se dispara sin que se entienda muy bien por qué siempre acaba llamando la atención de un representante político o de un director financiero. Arena que cambiar, cartuchos que sustituir, agua perdida en los retrolavados, horas de trabajo del personal técnico: la factura se dispara rápidamente y, a menudo, se subestima a la hora de elaborar el presupuesto provisional.
El verdadero coste oculto de los filtros tradicionales
Tomemos como ejemplo un filtro de arena, la solución más extendida en las piscinas públicas. Cumple su función, nadie lo discute. Pero cada retrolavado evacua entre el 2 % y el 5 % del volumen total de la piscina. En una piscina de tamaño medio, esto supone varias decenas de metros cúbicos de agua potable que se vierten al alcantarillado cada semana, por no hablar del calentamiento de esa agua que luego habrá que renovar.
Los filtros de cartuchos, por su parte, prometen una filtración más fina en un espacio más reducido. En teoría, resulta atractivo. En la práctica, una administración local que tenga que cambiar sus cartuchos cada semana puede ver cómo solo este gasto supera los diez mil euros al año, sin contar la mano de obra. Y a esto hay que añadir el almacenamiento, la logística de los pedidos y el riesgo de quedarnos sin existencias en el peor momento.
En resumen, las dos tecnologías más extendidas comparten un punto en común: se basan en consumibles. Y un consumible, por definición, es un gasto recurrente que nunca se acaba.
Otro enfoque: filtrar sin tirar nada
Es precisamente esta premisa la que Hectron ha querido cuestionar. Desde hace más de veinte años, la empresa de Niza diseña filtros autolimpiables para la industria, el tratamiento de agua potable o incluso las redes municipales, antes de adaptar esta tecnología a las piscinas comunitarias.
El principio es fácil de entender, aunque se basa en unos conocimientos técnicos muy especializados. Un tamiz de acero inoxidable, cuyas mallas retienen partículas de hasta 2 micras, sustituye a la arena o al cartucho. Cuando la presión aumenta debido a la acumulación de residuos, se activa una rampa de aspiración que limpia el tamiz desde el interior, sin interrumpir en ningún momento la filtración de la piscina. No hay que desechar nada ni pedir cartuchos: el acero inoxidable permanece en su sitio, ciclo tras ciclo.
En la práctica, esto significa que el gestor ya no tiene que controlar las existencias de consumibles ni planificar las intervenciones de sustitución. El mantenimiento se limita a una revisión periódica, mucho menos laboriosa que un mantenimiento convencional.
¿Qué modelos para qué piscinas?
Para los centros acuáticos, Hectron se basa principalmente en su gama AG, diseñada para caudales elevados y usos profesionales. En función del tamaño de la piscina y del caudal a tratar, hay varios modelos disponibles: el AG100 es adecuado para instalaciones más modestas con un caudal de hasta 12 m³/h, mientras que el AG200 y el AG300 alcanzan, respectivamente, hasta 45 y 120 m³/h. Para instalaciones de mayor envergadura, como un parque acuático o un centro náutico con varias piscinas, el filtro AG400 puede tratar hasta 340 m³/h.
Todos estos filtros funcionan con una cuba de acero inoxidable y cuentan con un sistema de control automático que se activa por la diferencia de presión entre la entrada y la salida del filtro. En otras palabras, la limpieza se activa únicamente cuando es necesario, ni demasiado pronto ni demasiado tarde, lo que limita aún más el consumo de agua asociado a la propia limpieza a menos del 1 % del caudal filtrado.
Qué supone esto en la práctica
Un ejemplo concreto permite apreciar la magnitud del cambio. En un camping del Var, la sustitución de un filtro de arena por un sistema Hectron permitió reducir la superficie ocupada por la sala técnica de 15 a tan solo 2 m², con un caudal de 200 m³/h. En cuanto al consumo de agua, la diferencia es aún más llamativa: de 10 m³ al día en plena temporada a solo 1 m³, lo que supone una reducción del 90 %.
Para una entidad pública, este tipo de resultados se traduce directamente en ahorros cuantificables: menos agua potable comprada y calentada, menos residuos que tratar, menos horas de personal dedicadas al mantenimiento y una sala técnica que puede rediseñarse o liberarse para otros usos. Es cierto que la inversión inicial es mayor que la de un filtro de arena convencional, pero la amortización suele calcularse entre dos y cuatro años, dependiendo de la configuración de la instalación, tras lo cual se pasa a obtener un beneficio neto.
Una elección con visión a largo plazo
Para los gestores de piscinas públicas, la cuestión ya no es solo técnica, sino también política y presupuestaria. Reducir una partida de gasto recurrente, disminuir el consumo de agua potable en un contexto de escasez de este recurso, limitar los residuos derivados del mantenimiento: estos son argumentos que convencen tanto a los servicios técnicos como a los representantes políticos preocupados por su presupuesto de funcionamiento.
Hectron, fabricante francés con sede en Niza, ya ha equipado miles de instalaciones en 64 países, con referencias que van desde grandes grupos como Veolia o Suez hasta gestores de piscinas y campings. Esta experiencia acumulada en sectores en los que la fiabilidad no es negociable encuentra hoy un campo de aplicación natural en los centros acuáticos municipales, donde cada euro ahorrado en la explotación es un euro que puede reinvertirse en otros ámbitos.
Para las administraciones locales que se plantean renovar su sala de máquinas o que simplemente buscan recuperar el control sobre unos costes de explotación que se disparan, la filtración sin consumibles merece claramente ser estudiada con detenimiento.
