En una fábrica agroalimentaria, el agua está presente en todas partes. Se utiliza para lavar las materias primas, limpiar las líneas de producción, refrigerar los equipos y, en ocasiones, incluso forma parte directamente de la composición de un producto. Es decir, no podemos permitirnos introducir cualquier cosa en ella. Un poco de arena, partículas metálicas procedentes de las tuberías, residuos orgánicos que suben desde una red mal mantenida… y toda una cadena de producción puede verse comprometida, por no hablar de los riesgos sanitarios. Ahí es donde entra en juego la filtración automática, un campo que Hectron conoce bien.
Un agua de proceso que no perdona nada
Tanto si el agua procede de un pozo, de un río o de la red pública, siempre transporta algo: cal, partículas finas, a veces microorganismos o residuos que se desprenden de las propias tuberías con el paso del tiempo. Para una planta agroalimentaria, esto no es baladí. Una boquilla de lavado que se obstruye supone una línea de producción parada. Un intercambiador de calor que se calcifica debido a las partículas en suspensión supone un desplome del rendimiento energético. Y cuando el agua entra en contacto directo con el producto, como en una cuba de remojo o en una estación de lavado de verduras, la más mínima impureza se convierte en un problema de calidad, o incluso de seguridad alimentaria.
Los filtros autolimpiantes Hectron, de las gamas AS y AG, se han diseñado precisamente para este tipo de exigencias. El principio sigue siendo el mismo desde el principio: un tamiz filtrante que retiene las partículas, un sistema de desatascado automático que las evacua sin intervención humana y, por lo tanto, sin necesidad de cambiar cartuchos ni de detener la producción para realizar operaciones de mantenimiento. En una planta agroalimentaria, donde los ritmos de producción suelen ser elevados y cada interrupción resulta costosa, este funcionamiento sin consumibles marca una verdadera diferencia.
En las fábricas de productos lácteos: proteger un producto sensible entre cada etapa
La leche es un producto vivo, caprichoso, que no admite aproximaciones. En una lechería, el agua interviene en varios niveles: el lavado de las cubas, la limpieza in situ (el famoso CIP), el enfriamiento de la leche tras la recogida o incluso el suministro a las torres de refrigeración que acompañan a los procesos térmicos. El agua cargada de partículas daña los circuitos, favorece la obstrucción de los intercambiadores de calor y puede, en el peor de los casos, introducir contaminantes en un entorno que se supone que debe permanecer impecable.
Un filtro automático situado antes de la red de proceso permite mantener una calidad constante del agua, sin fluctuaciones de presión, lo cual es de vital importancia cuando se trabaja con equipos de pasteurización u homogeneización calibrados con la máxima precisión.
Fábricas de conservas: el lavado continuo no deja lugar a la imprecisión
Las fábricas de conservas suelen funcionar con caudales de agua considerables, aunque solo sea para el lavado de frutas, verduras o pescado antes de su transformación. En este caso, la filtración tiene una doble función: garantizar la limpieza del producto y proteger las instalaciones, que a veces funcionan las veinticuatro horas del día en plena temporada.
Este es exactamente el tipo de contexto que encontramos en los proyectos de Hectron. En Fleury Michon, en Chantonnay, la fábrica tenía un problema clásico: los filtros instalados, con un umbral de retención de 500 micras, ya no bastaban para obtener agua de calidad satisfactoria a la salida de la estación de tratamiento de efluentes. La solución consistió en instalar un filtro automático AG200, esta vez calibrado a 200 micras, lo que permitió aumentar notablemente la finura de la filtración sin complicar el funcionamiento. Es un ejemplo bastante elocuente de lo que el sector agroalimentario espera de un proveedor de sistemas de filtración: una respuesta técnica precisa, adaptada a una necesidad real sobre el terreno, y no una solución genérica que se aplique a todas las situaciones.
Mataderos: agua limpia para un reto sanitario de primer orden
En un matadero, la cuestión del agua se plantea con aún mayor intensidad. El lavado de las canales, la limpieza de las estaciones de despiece, la desinfección de los suelos y los equipos: todo depende de un agua cuya calidad debe mantenerse constante, día tras día, sin fallos. Una contaminación cruzada debida a un agua mal filtrada puede tener consecuencias sanitarias inmediatas, y los controles en este sector son especialmente estrictos.
La filtración automática ofrece aquí una solución sencilla pero eficaz: elimina de forma continua las partículas que podrían acumularse en las tuberías y servir de caldo de cultivo para la proliferación bacteriana, al tiempo que garantiza una presión estable en las estaciones de lavado. Al igual que en otras aplicaciones agroalimentarias, la ausencia de un mantenimiento intensivo supone una verdadera ventaja en un entorno en el que los equipos ya están centrados en los protocolos de higiene.
Un enfoque a medida, no un producto estándar
Lo que se desprende de las instalaciones realizadas por Hectron es que no existe una solución única para el sector agroalimentario. Un caudal de 50 m³/h a la salida de una planta de tratamiento de aguas residuales no tiene nada que ver con las necesidades de una línea de lavado de verduras o de una red de refrigeración en una lechería. La finura de filtración, la presión de servicio, el material del filtro (el acero inoxidable 316L suele imponerse en este sector por razones de higiene): todo se adapta caso por caso, en función del proceso y de la calidad del agua disponible en la entrada.
Con más de 6 000 proyectos realizados y 30 años de experiencia en filtración automática, Hectron acompaña a las empresas del sector agroalimentario en esta búsqueda del equilibrio entre las exigencias sanitarias, la fiabilidad industrial y la simplicidad de funcionamiento. Un tema que, como habremos comprendido, nunca se reduce a un simple filtro colocado en una tubería.
